Cuando la empresa deja de trabajar para su propietario
El negocio puede funcionar y, aun así, alejarte de lo que querías construir.
2 min de lectura
Quizá la empresa vende, cumple con sus clientes y tiene un equipo comprometido. Sin embargo, cada ausencia tuya genera una espera. Las decisiones pequeñas se acumulan y el trabajo termina ocupando el espacio que antes reservabas para otras cosas.
Esta situación merece una revisión aunque los resultados económicos sean buenos. La relación entre el propietario y su empresa también forma parte del resultado: cuánto tiempo exige, qué responsabilidades concentra y qué libertad permite.
Antes de pedir al equipo que sea más autónomo, conviene observar una decisión concreta que siempre vuelve a ti. ¿Está claro quién puede tomarla? ¿Con qué información? ¿Hasta qué límite? ¿Qué ocurre si se equivoca?
Puede que el equipo te lo pregunte todo porque nunca habéis hablado de qué puede decidir cada uno. O que hayas prometido a un cliente algo difícil de cumplir. O que sigáis trabajando como cuando erais tres, aunque ahora seáis veinte. Antes de cambiar nada, conviene entender cuál es el problema.
Una forma de empezar es anotar durante una semana qué asuntos requieren tu intervención y por qué. Ese registro puede mostrar dónde se repiten las esperas y qué conversación conviene tener primero.
La pregunta de fondo es personal y empresarial: ¿qué debe cambiar para que esta empresa vuelva a encajar con la vida y el papel que quieres tener?
¿Qué te gustaría mejorar de tu empresa?
Conocer el análisis de negocio